Música,
explosión, caos, inconsciencia… no es el
mejor estado que puedo tener, pero ¿Qué
puedo hacer El mismo recorrido, el
mismo inicio, el mismo destino, sólo cambian un par de personas vistas
en el trayecto, nada más. El pisar el asfalto duro y gris no mejora las cosas,
ver el frontis del edificio cruzar el umbral de vidrio, saludar a la recepcionista
con una cínica sonrisa, y la misma conversación.
- Muy buenas tardes Don Germán.
- Buenas.
- La taza de café de siempre Don Germán.
- Sí.
- Se la traeré…
- En cinco minutos…
Me encierro detrás de la puerta con el número 1034 , dejo la chaqueta en el
colgador, enciendo la computadora y observo la construcción vecina desde la
ventana. Observo también los pequeños puntos al caminar. Veo como forman
patrones tan similares al de ayer, y antes de ayer, y antes y antes y siguiendo
en la cuenta hacia atrás. Veo la foto de mi hija, abrazada a mi yerno, posando
en el día de mi cumpleaños. Los mismos movimientos rutinarios que no me
esfuerzo por cambiar. ¿Hay algo que pueda hacer? Nada. Tan sólo una locura ayudaría.
Golpean la puerta. Rápida pero no
sorpresivamente transcurrieron 5 minutos y ella con mi café llegan a mi
puerta. Lo recibo lo tomo y lo lanzo el líquido oscuro a la computadora, abro
la ventana y lanzo la taza hacia la calle,
que le caiga a quien sea. Yo me marcho.
Me voy a la estación, pero no, micro no tomaré no volveré a ese camión de carga
animal, me iré caminando. Llega a darme disgusto ver a cada persona que se
cruza frente a mí, me vean o no, los aborrezco a todos. Me suelto la
corbata, me la saco, la lanzo en dirección opuesta a mí. Adiós rutina, adiós familia.
El primer bus que aparece es mi destino, me resigno a tomarlo, quiero llegar lo
antes posible, no, no quiero llegar, quiero irme, irme de todo esto y abandonar
lo que siempre he sido, no, me retracto
nuevamente, no quien he sido, sino quién se ha visto, a quien se ha conocido,
el que se aferra a la necesidad de ser parte de una sociedad, en cuya función
no eres más que ser un apéndice, despídanse de la máscara que ya no me sienta
bien.
Despierto, la luna no se ve, la oscuridad es hermosamente total, al igual que
el frío que comencé a sentir. Bajo del bus y no sé a dónde caminar, y me baso
en mis brazos para no chocar con algo
que no logre percatar a medida que avanzo sin tomar en cuenta las horas. Un paso
en falso, una caída, un chapuzón. Ni idea en qué estoy inmerso, el olor
putrefacto me hace descartar que sea agua de un lago, no me importa; el frío
del ambiente abraza la sustancia, y conmigo en ella, cada vez más profundo, no
me interesa, duermo hasta perderme en ella. Prefiero morir sin ser velado por
nadie más que las estrellas y el viento, que por un par de personas hijas
de la rutina y que van por mero compromiso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario