Es difícil la situación en la que estoy, me hallo en una sala de espera, y el pronóstico de mi padre era el que con temor todas estas semanas hemos querido evadir. Ya nada se puede hacer y el médico me ha dicho que llegó la hora de que converse por última vez con el hombre que me ha visto crecer durante toda mi vida, aquel que siempre tuvo la paciencia y el cariño para limpiar con esas trabajadas y gastadas manos las lágrimas que seguían cayendo luego de que ese atentado en Londres nos alejara para siempre de mi madre querida. Tomo el aire necesario para poder levantarme de la silla de plástico gastada y trisada ya por el pasar de los años que se une con las otras sillas frías ubicadas en las frías salas de espera del hospital; comienzo a dar los pasos para acercarme hacia él y poder despedirme.
Abro la puerta y avanzo por una fría sala, cuyo silencio se entorpece por el trabajo de las máquinas que hacían que tanto mi viejo, como las otras personas en esa habitación pudieran permanecer con nosotros en este mundo. Corro la cortina de la cama 542, para ver que su sonrisa sigue igual de intacta, a pesar de su cansancio puedo sentir que está contento de verme sabiendo aun lo que le espera. “Como te admiro viejo… alegre a pesar de todo.” Le digo con una sonrisa tibia que no logra esconder mi pesar. Me hace un gesto sutil con la mano indicando la silla que está al lado de su velador metálico, donde paro un instante para tomar y apreciar una foto enmarcada de la pareja más linda que conocí en este planeta, en la que la que un gallardo hombre toma en sus brazos a una pequeña bebé recién nacida y esa hermosa mujer tomaba de la mano al mayor de sus hijos, es decir a mí, y en los costados de aquel matrimonio se ubicaban a mis dos hermanos restantes que sólo por la estatura se podía reflejar la diferencia de edad; con una sensación algo más cálida luego de observar la imagen, devuelvo el retrato a el lugar donde estaba, junto con un rosario y la imagen de la Virgen, me siento en el pequeño asiento acolchado que anteriormente mi padre apuntó, me acerco ligeramente a él para poder escucharlo.
-Al parecer ya no podemos hacer nada, bueno son cosas de viejos ¡Y qué más da! En algún momento tenía que pasar no soy como esas caricaturas que veían tus hermanos de pequeño y tanto tuviste que aguantar.- Su voz cansada y raspada no se equilibraba al humor de mi padre. – Torito mío, el mayor de 4 hermanos, he tenido el placer y el privilegio de ver el desarrollo de una persona de las que pocas en el mundo ya existen: caballero, atento, preocupado y nunca desubicado…mm bueno, tal vez eso no tanto.- Al oír eso reí siendo cómplice de su sinceridad.- Pero siempre muy respetuoso. Te vi crecer, dar tus primeros pasos, dando rabietas por montón a tu madre, ir al colegio, desarrollarte y mostrar que si bien no te destacabas en las notas, siempre fuiste constante y no te rendías ante los obstáculos; tenacidad que sacaste de tu madre.
Ahora estás a punto de terminar tu carrera y sé que serás feliz con a quién ya escogiste como tu esposa.-
Mis ojos comienzan a humedecerse al escuchar esto, el darme cuenta que mi padre no podrá verme recibiendo el cartón y titulado, y tampoco ver como consumo mi amor frente a la mujer que amo. Mi padre toma mi mano fuertemente y ya la curva en su sonrisa comienza a rectificarse.
- Y ahora que hijo mío, ya sé que sientes amor verdadero necesito contarte un pequeño secretillo, y quiero que se lo cuentes a cada uno de tus hermanos cuando sientas que están viviendo el mismo sentimiento que tú sientes ahora. ¿Entendido?- Yo riéndole asiento con la cabeza. “Lo que quieras papito”. -Pues bien, esto es algo que nunca supo tu madre, y nunca quise que supiera.
Abro la puerta y avanzo por una fría sala, cuyo silencio se entorpece por el trabajo de las máquinas que hacían que tanto mi viejo, como las otras personas en esa habitación pudieran permanecer con nosotros en este mundo. Corro la cortina de la cama 542, para ver que su sonrisa sigue igual de intacta, a pesar de su cansancio puedo sentir que está contento de verme sabiendo aun lo que le espera. “Como te admiro viejo… alegre a pesar de todo.” Le digo con una sonrisa tibia que no logra esconder mi pesar. Me hace un gesto sutil con la mano indicando la silla que está al lado de su velador metálico, donde paro un instante para tomar y apreciar una foto enmarcada de la pareja más linda que conocí en este planeta, en la que la que un gallardo hombre toma en sus brazos a una pequeña bebé recién nacida y esa hermosa mujer tomaba de la mano al mayor de sus hijos, es decir a mí, y en los costados de aquel matrimonio se ubicaban a mis dos hermanos restantes que sólo por la estatura se podía reflejar la diferencia de edad; con una sensación algo más cálida luego de observar la imagen, devuelvo el retrato a el lugar donde estaba, junto con un rosario y la imagen de la Virgen, me siento en el pequeño asiento acolchado que anteriormente mi padre apuntó, me acerco ligeramente a él para poder escucharlo.
-Al parecer ya no podemos hacer nada, bueno son cosas de viejos ¡Y qué más da! En algún momento tenía que pasar no soy como esas caricaturas que veían tus hermanos de pequeño y tanto tuviste que aguantar.- Su voz cansada y raspada no se equilibraba al humor de mi padre. – Torito mío, el mayor de 4 hermanos, he tenido el placer y el privilegio de ver el desarrollo de una persona de las que pocas en el mundo ya existen: caballero, atento, preocupado y nunca desubicado…mm bueno, tal vez eso no tanto.- Al oír eso reí siendo cómplice de su sinceridad.- Pero siempre muy respetuoso. Te vi crecer, dar tus primeros pasos, dando rabietas por montón a tu madre, ir al colegio, desarrollarte y mostrar que si bien no te destacabas en las notas, siempre fuiste constante y no te rendías ante los obstáculos; tenacidad que sacaste de tu madre.
Ahora estás a punto de terminar tu carrera y sé que serás feliz con a quién ya escogiste como tu esposa.-
Mis ojos comienzan a humedecerse al escuchar esto, el darme cuenta que mi padre no podrá verme recibiendo el cartón y titulado, y tampoco ver como consumo mi amor frente a la mujer que amo. Mi padre toma mi mano fuertemente y ya la curva en su sonrisa comienza a rectificarse.
- Y ahora que hijo mío, ya sé que sientes amor verdadero necesito contarte un pequeño secretillo, y quiero que se lo cuentes a cada uno de tus hermanos cuando sientas que están viviendo el mismo sentimiento que tú sientes ahora. ¿Entendido?- Yo riéndole asiento con la cabeza. “Lo que quieras papito”. -Pues bien, esto es algo que nunca supo tu madre, y nunca quise que supiera.
La verdad es que antes de que yo y tu madre nos casáramos, me enteré que yo estoy imposibilitado de poder tener hijos. – En ese momento un frio movimiento sacudió mi espalda mientras que mi cabeza empezaba entrar en un sofoco intenso que remeció todo mi interior, una confusión que nunca en mi vida había sentido antes. “Pero padre, es imposible yo mismo vi las fotos cuando mi madre estaba embarazada de mí, y vi cuando esperaba en su vientre a mis hermanos. ¿Cómo puedes ser infértil? si esta foto demuestra claramente lo contrario.” Dije tartamudeando a mi padre mientras apunto con una temblorosa mano derecha la foto del velador. – Creo que estás lo suficientemente grandecito para entender. Si bien tu madre siempre me hizo pensar que esos embarazos fueron producto de nuestro amor, yo estaba bien consciente de que las cosas no eran así. Todos esos años viví con este asunto en silencio. – “Entonces ¿Por qué no reaccionaste? ¿Por qué no tomaste carta en el asunto? Mamá te engañó ¿Y tú no haces nada?“ Me sentía incómodo en verdad haciéndole estás preguntas a mi padre en esta instancia, pero la confusión que logró esa confesión en mí me sacudió una realidad que nunca fue, una realidad que sólo se hallaba en un retrato enmarcado en plata.- La respuesta está clara. Yo a tu madre la amo aunque ya no esté con nosotros la sigo amando, y aunque no me haya sido fiel en algunos momentos de mi vida estaba dispuesto a lo que fuera por tener a esa persona tan especial en mis brazos, a esa persona que descoloca mis sentidos desde que empecé a entablar una relación con ella. Y créeme que nunca me fue grato el sentir cómo ese amor que yo le entregaba incondicionalmente era burlado por ella. Y es por lo mismo hijo mío, ¡Sí! ¡Te sigo diciendo hijo! Pues yo fui quien estuvo contigo todo este tiempo; contigo y con tus hermanos. .. Es por lo mismo que quiero que estés seguro de que si con la persona con la que tú estarás compartiendo toda tu vida sea realmente la persona que te hará feliz y que será capaz de devolverte devota y fielmente el cariño y la calidez que tú le das. ..- En ese instante no logré contenerme abracé a mi padre lo más fuerte que pude al momento que mis lágrimas mojaban las sábanas de la cama con confusión, tristeza, miedo y agradecimiento. Estaba con mi padre, mi viejo en nuestra despedida para luego vernos en otro momento; Estaba con el hombre que me crió durante toda mi vida, el que a base de un amor incuantificable se dedicó a mí y a mis hermanos, a cuidarnos, a querernos y a amarnos, sabiendo que no somos propios de su sangre; Estaba con la persona que por estar con la persona que ama es capaz de sufrir un mundo entero de engaños; Estaba con la persona que me acaba de dar un verdadero testamento de amor…
Estaba con la persona que acaba de partir a un mundo mejor..
Gracias Padre. Tus hijos no te olvidaremos.