El Reloj vuelve a marcar su hora predilecta, las cosas se
han dado para que cada estímulo que llegue a mi cuerpo se intensifique en mi
interior. El sólo hecho de preparar el café ya se hace una experiencia exquisita. Su raspado y suave sonido al sacar
cada cucharada del oscuro polvo
contrasta con el choque de la pequeña cuchara de té en la porcelana de
la taza, puedo escuchar el tenue sonido de las 20 gotas de endulzante en mi brebaje,
todo acompañado del golpe de las ramas
que son conducidas por el viento hacia mi
ventana, haciendo la más hermosa orquesta a la que jamás tuve la opción
de asistir. Mis pelos se erizan en una
especie de sensación lujuriosa.
El reloj no quiere salir de su hora, se niega. La noche abraza mi cuarto a medida que mis pelos siguen ascendiendo uno por uno. Recuerdos lujuriosos se van a mi mente. Mi cuerpo frágil se siente, pero a la vez ágil, no da chance alguna de tropiezo, puede tambalearse todo lo que quiera, pero el sonido y las memorias que el tiempo me ha dado impedirán que este enclenque cuerpo se derrumbe, no antes que el café y el sandwish queden a merced del velador y logre sintonizar la radio para que el blues entre en escena y de paso a un éxtasis en mi cama.
El reloj ha decidido detenerse, al igual que todo movimiento de mi habitación. El café calienta mi anatomía para estar a la par con mi esencia, tu recuerdo, mi lujuria. El blues llega, como un orgasmo a mis oídos, trompetas y solos prodigiosos de guitarra llegan para instalarse.
El reloj no quiere salir de su hora, se niega. La noche abraza mi cuarto a medida que mis pelos siguen ascendiendo uno por uno. Recuerdos lujuriosos se van a mi mente. Mi cuerpo frágil se siente, pero a la vez ágil, no da chance alguna de tropiezo, puede tambalearse todo lo que quiera, pero el sonido y las memorias que el tiempo me ha dado impedirán que este enclenque cuerpo se derrumbe, no antes que el café y el sandwish queden a merced del velador y logre sintonizar la radio para que el blues entre en escena y de paso a un éxtasis en mi cama.
El reloj ha decidido detenerse, al igual que todo movimiento de mi habitación. El café calienta mi anatomía para estar a la par con mi esencia, tu recuerdo, mi lujuria. El blues llega, como un orgasmo a mis oídos, trompetas y solos prodigiosos de guitarra llegan para instalarse.
El reloj ya no logra resistir, los punteros se han fugado.
Pero eso a ninguno de los dos deja conforme. Tomo el reloj y lo lanzo, como mis
deseos de avanzar el tiempo, mis deseos de paz, mis deseos de una noche
tranquila.
El café brinda su última gota con un dulce sonido al pasar desde el tazón a mis labios. Quiero mantener el calor. Iré a verte.

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